Hace ya 5 años apareció film vemos a Tracy Thresher (42 años) y a Larry Bissonnette (52 años) quienes fuesen “retardados mentales” (entre tantos diagnósticos más el rótulo de “severidad” del autismo, con lo que ello pueda significar), sometidos a la exclusión y al designio de las instituciones psiquiátricas, viajando alrededor del mundo para sostener con una “nueva” voz las competencias antaño silenciadas a las personas neurodivergentes. Desafían, la noción de lo «no verbal» (en realidad el no hablar) y de lo «severo» en el autismo. Se les da una forma de traducir de sostener su «voz» y sus emociones en el mundo neurotípico. «Debe haber muchas personas autistas que, como yo hasta ahora, tienen mundos interiores pero no los medios para expresarlos», señala uno de los protagonistas del film.

La electronalidad (Reaño, 2017), se refiere al tiempo que se abre con la incorporación de la palabra electrónica a nuestra producción comunicacional y de sentido. Nacida de las tecnologías de la cibernética e impulsada como orden semiótico con el arribo de la internet, desplazó la forma cómo concebíamos el mundo y otorgábamos sentido en la etapa escribal, aquella que desde la invención de la imprenta había colocado al libro y a la palabra escrita como aquella que privilegiaba nuestra manera de objetivar la realidad.


En la última década se ha avanzado en la idea de que esta etapa del desarrollo semiótico humano es producto de la mente autista (Reaño, 2017). El cerebro autista tiene una gran capacidad de sistematizar información, unido a habilidades de hiperfocalización en temas de interés y almacenamiento en la memoria a largo plazo. Estos tipos de cerebros han sido claves en muchas etapas de generación de tecnología a lo largo de la historia de la humanidad (Armstrong, 2010). En la actualidad, podemos constatar que siendo el autismo el 1% de la población, esta distribución aumenta significativamente en lugares donde se produce tecnología informática (Roelfsema et al., 2012; Silberman, 2001), en aquellos enclaves donde se necesitan, sobre todo, programadores, ingenieros y operarios para el desarrollo y diseño de software, hardware y aplicaciones digitales.


Cuando analizamos las características de de las funciones de la electronalidad con la manera cómo procesan el sentido las personas autistas, encontramos semejanzas notables. Y diferencias en la manera cómo se producía el sentido en la etapa escribal, es decir, en aquella donde se privilegiaba la palabra escrita y el libro impreso era el depositario del conocimiento.

Existen tres funciones que explican la manera cómo la humanidad ha privilegiado la producción del sentido de acuerdo con las tecnologías de la comunicación humana utilizadas a través de 3 grandes etapas: la oral, la escribal y la electronal (Reaño, 2017):
Función 1: Realidad objetiva vs. realidad subjetiva.
Función 2: Privilegio de la conectividad vs. privilegio del dialogismo.
Función 3: Privilegio de la lógica intensional vs. privilegio de la lógica extensional.


La realidad puede ser una serie de eventos objetivados en contraposición con la perspectiva (subjetiva) que podamos tener de ellos.
Esto era notorio en la etapa escribal. La manera cómo se privilegiaba el sentido en ella hacía que la verdad se considerara objetiva frente al conocimiento que se hallaba en los libros. Los axiomas matemáticos, por ejemplo, son una muestra de objetivación de la realidad donde uno no puede tener una opinión. De similar modo, sobre ciertas definiciones, ideas y datos que se encontraban en textos escritos no solían ser pensados como falsos por el hecho de encontrarse en un “libro”, prefigurado como el depositario del saber y de nuestra herencia acumulativa cultural.

En nuestra etapa electronal, la expresión de la subjetividad es una de las características más notorias del espíritu de de los tiempos actuales. Las redes sociales, por ejemplo, son expresión de opiniones que, por el simple hecho de ser expresadas, son consideradas sino como verdaderas, poderosamente como válidas por el usuario que las emite. La irrupción de las “fake news”, es un ejemplo de la pérdida de límites y parámetros objetivos con los cuales analizar la información, generar opiniones sobre política o económica apelando a la sola subjetividad es usual en nuestro tiempo. No es mi intención, como lingüista, calificar esta situación sino apuntar a hechos comprobables en el uso que se le da a la palabra electrónica. Esta misma democratiza, también, las posibilidades de expresión y de validación de colectivos neurodivergentes que tenían una muy reducida posibilidad de enunciarse en la etapa escribal. Antes de la aparición de la internet, hubiese sido poco probable que una persona autista publicase un libro o supiésemos de sus vivencias, para una persona autista no hablante que se valiera de un sistema de comunicación alternativa habría sido imposible. Hoy, conocemos cientos de testimonios y relatos de estas poblaciones. En la electronalidad, se da la figura del “prosumidor”, es decir, del que puede crear contenidos y no sólo consumirlos, gracias al acceso a herramientas informáticas y al espacio libre, en muchos casos, que significa la red digital mundial.


En el autismo, la mediación de una atención compartida, la emergencia de sus formas empáticas, está dada por sus intereses profundos. La manera cómo se aproxima la persona autista a los objetos y saberes del mundo es altamente subjetiva y dependerá de sus campos de interés, en los cuales suelen convertirse en verdaderos expertos del tipo de sistema que elijan privilegiar. Durante mucho tiempo se calificó a estos intereses como “restringidos” y ligados a una obsesividad y la inflexibilidad. Sabemos, gracias a relatos de personas autistas que se trata, más bien, en un sentido lejano a la psicopatología, de “intereses profundos” (Shore, 2012), a los que se accede gracias a la pasión por el detalle en las mentes autistas.

Larry Bissonnette y Tracy Thresher protagonistas de la cinta / Foto: NY Time

En el autismo encontramos un tipo de “pensamiento en detalles”: se procesa preferentemente de las partes al todo, de manera inversa al funcionamiento típico. Este tipo de funcionamiento, unido al establecimiento de interacción sobre la base de intereses profundos, hace que la persona autista busque más el estar “conectado” con los demás de manera intermitente que sostenida. La fluidez se establecerá prioritariamente al aparecer un tema afín a sus intereses sistemáticos.

Y las personas autistas fluyen allí, nuevamente, ajenas a la “normalidad” dictada por la menguante escribalidad. La “voz electrónica” (y de tantos sistemas actuales de comunicación aumentativa – alternativa) de Tracy Thresher y Larry Bissonnette llega a nosotros en una dimensión imposible de pensar para el mundo anterior a la Internet, a lo electronal. La era electronal genera un hábitat de mayor cercanía -a través de la palabra electrónica- para autistas hablantes y no hablantes. Hace que el tiempo pueda ser habitable en un nuevo espacio.

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