En la Odisea, Méntor es el amigo a quien Odiseo (Ulises) encomienda la educación de su hijo Telémaco al partir a la guerra de Troya. De allí que en nuestra lengua, «mentor» no sólo implique la enseñanza de un tema a través de un maestro o profesor, sino amistad y, con ello, una guía.

Una de las recomendaciones más importantes de Temple Grandin señala que los autistas necesitan de mentores. Guías que los acompañen en sus vocaciones ligadas a sus intereses profundos. No sólo que les enfaticen en qué son talentosos sino en cómo usar esos talentos en su vida futura, para su autonomía e independencia. Acompañar y guiar sin imponer. Con amistad.

Quienes trabajamos con personas autistas estamos llamados a dejar el traje de «terapeutas» – o cualquier cosa que diga nuestro título profesional- para convertirnos en mentores, acompañantes empáticos. Para poder caminar juntos, saber guiar.
Para al irnos, poder quedarnos.

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