Se aproximan las fiestas y sabemos los retos que suponen para muchas personas neurodivergentes, en especial las autistas. Como cada año, debemos hacer énfasis en la contaminación sonora de esta fechas, sobre todo por la pirotecnia. Muchos autistas presentan hipersensibilidad auditiva y la detonación constante (que retumba también en los cuerpos) ocasiona no sólo ansiedad sino un fuerte incremento de estrés. La imposibilidad de ponerse a salvo eleva los niveles de cortisol, ocasionando no sólo daños físico sino también traumas asociados. Sobre esta terrible situación insistimos siempre y si bien la concientización ha ido dando algunos frutos aún estamos lejos de poder celebrar unas fiestas que consideren el respeto por todas las diferencias neurológicas.

Hay otro motivo en el que insistir con igual fuerza en estas fiestas (y reuniones en general), las formas de la empatía y del afecto autista. Damian Milton, sociólogo autista, nos ha mostrado que los autistas no tienen dificultades en empatizar, tienen una forma distinta de hacerlo que debe de ser conocida y respetada. Amythest Schaber, activista y divulgadora autista habla de «las 5 formas del amor neurodivergente», una de ellas es el juego en paralelo, lo que algunos llaman «estar solos juntos».
En los niños autistas vemos que -a diferencia de los neurotípicos que prefieren interacciones sostenidas de ida y vuelta- se disfruta de estar con el otro haciendo sus propias actividades, enfocado en sus intereses profundos, en paralelo a lo que el adulto realiza. Es un error creer no está interesado en el otro, lo está de modo distinto, interactuando intermitentemente cuando sea para él necesario o se sienta movido a hacerlo. Que un autista quiera estar en la misma habitación mientras realiza sus intereses profundos supone un vínculo basado en la confianza: «sé que estás allí, disfruto de tu presencia y de poder conectarme contigo a mi ritmo». Es una forma de amor y de afecto atípicos, humanos.
En nuestra teoría de la electronalidad hemos notado que en los autistas se da un privilegio de la comunicación diferida, una extensión de ese primigenio juego en paralelo que define su modo de estar con el otro. Para el neurotípico la comunicación directa, el diálogo, es la herramienta privilegiada de intercambio; para el autismo esta puede ser fuente de ansiedad y dificultades, por ello se prefiere el estar conectado de modo intermitente, por ejemplo a través de las mensajerías instantáneas donde se puede controlar el flujo de la comunicación.

Así, en estas fiestas -en toda reunión- consideremos que las personas autistas se sobrecargan más rápido y requieren retirarse a un lugar que sientan seguro para descansar y reponerse, seamos capaces de brindar y acompañar en ese cuidado.
También sepamos que si estando con nosotros, en plena reunión, no habla o se relaciona, no se comunique directamente o haga alguna actividad distinta, no significa que no esté interesado o no le importe nuestra compañía, al contrario. Es una forma de afecto el estar con ustedes de modo sincero, no fingiendo, sabiendo que están juntos aun en la disparidad de intereses, juntos en la diferencia, juntos pese a lo complejo que es entender y estar en el mundo neurotípico, de eso se trata la amistad y la familia, en eso radica lo hondo de nuestra humanidad, de eso se trata también la navidad que significa «nacimiento». Nazcamos a la fiesta de las distintas formas de afecto.


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