El paradigma de la neurodiversidad es uno de los más innovadores constructos en la historia de la comprensión de la mente humana. Por ello, es pertinente aclarar algunas preguntas que suelen darse. Esta lista no es exhaustiva y podemos irla aumentando mientras más interrogantes surjan.

¿»Neurodiversidad» es una nueva forma de hablar de «trastorno»?
No. La «neurodiversidad» es un hecho biológico: todos tenemos cerebros diferentes y estos se agrupan según ciertas similitudes. El tipo de cerebro mayoritario es el neurotípico (neurológicamente típico) y las demás formas (neurotipos) conforman la neurodivergencia (aquello que diverge del cerebro considerado «normal»). En ella encontramos al autismo, la dislexia, el déficit de atención, las condiciones pisquiátricas, las neurodivergencias adquiridas, etc. La neurodiversidad se inspira y enmarca en la «biodiversidad», así como cada especie cumple un rol en el ecosistema (una abeja no es menos importante que un ser humano), cada neurotipo es valioso por su mera existencia. No es un término que busque reemplazar a «trastorno» en sí El paradigma de la neurodiversidad se aparta de este término desde que el autismo, por ejemplo, no es un trastorno (una desviación) respecto de lo neurotípico sino una condición de vida relacionada con un neurodesarrollo atípico, alterno. Esto, evidentemente, no excluye las dificultades ni las discapacidades que pueda experimentar la persona autista al interactuar con un entorno poco (o nada) adaptado a sus necesidades.

¿El paradigma de la neurodiversidad se enfoca sólo en las fortalezas?
No. Que se separe de la lógica capacitista del «trastorno» no equivale a negar las dificultades y retos. Sin embargo, no sólo se focaliza en ellas sino, al mismo tiempo, en las fortalezas y destrezas propias de cada neurotipo cuando estas se manifiestan en un individuo particular. Por ejemplo, en el TDAH mayores destrezas en el pensamiento divergente (elemento fundamental de la creatividad); en el autismo, la capacidad de hiperfocalización y sistematización; en la dislexia, el pensamiento espacial, etc. Es importante recalcar que el paradigma de la neurodiversidad no mide a las personas por su capacidad para «hacer algo» sino por el hecho de «ser». Enfatiza que toda vida neurodivergente es valiosa en sí misma, independientemente de las destrezas que el individuo pueda presentar o no.

¿El paradigma de la neurodiversidad sólo enfatiza en formas «leves» de autismo?
No. El paradigma de la neurodiversidad señala que es ficticio hablar de un autismo «leve» y otro «severo», en le sentido de que las etiquetas de «funcionamiento» conllevan a una serie de estigmas por un lado y cierta negligencia por otro, y poco dicen de la persona en particular. En el autismo debemos enfocarnos en las necesidades de apoyo y brindar los ajustes y acomodaciones necesarias.
Por otro lado, el autismo es una discapacidad dinámica; esto quiere decir que la persona no tiene las mismas necesidades de apoyo durante su vida, incluso durante el mismo día. Por ello, las adaptaciones deben ser pensadas en aquello que cada autista necesite. El paradigma de la neurodiversidad se centra en el bienestar de cada persona neurodivergente, en las condiciones necesarias para que sea alcanzado.

¿El paradigma de la neurodiversidad niega la discapacidad?
No. Se aleja del modelo médico de la discapacidad, el cual la sitúa en la persona que debe ser rehabilitada, centrándose en la patología; así, señala que la persona «tiene» una discapacidad, de la manera en que se «tienen» enfermedades.
El paradigma de la nerodiversidad señala que el autista, por ejemplo, «está» discapacitado (se encuentra en situaciones de discapacidad) o «es» discapacitado porque sus impedimentos se transforma en discapacidad al contacto con las barreras y la falta de apoyos e nuestra sociedad. No obstante, la discapacidad no se agota en lo social, hay neurodivergentes que pese a las adecuaciones necesitarán de cuidados permanentes, como señala el modelos social-relacional de la discapacidad.
No todos los neurodivergentes son discapacitados, quienes sí lo sean situacionalmente, temporalmente o permanentemente, requieren, por derecho natural, los ajustes y cuidados necesarios para su bienestar. Esto enseña y practica el paradigma de la neurodiversidad.

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