El autismo y los espejismos de la autopercepción.

Cuatro monjes debaten ante el maestro Hogen si una piedra existe dentro o fuera de la mente. Uno responde que, desde el budismo, todo es proyección mental. Hogen le replica que su cabeza debe pesar mucho si carga con una piedra semejante. La pregunta que deja el koan no es trivial: ¿qué ocurre cuando instalamos la autopercepción como árbitro de la realidad?

El neoliberalismo ha ofrecido una respuesta práctica. Como advierte Byung-Chul Han, convirtió la libertad en su instrumento de dominación más eficaz: el mito del emprendedor que se autogestiona y se autoexplota sustituyó al antiguo patrón que vigilaba el trabajo. Cada fracaso es ahora una mala administración de uno mismo — el sistema queda eximido y el individuo, condenado. Barbara Ehrenreich lo documentó con precisión, el optimismo obligatorio silencia el malestar, privatiza el sufrimiento y desactiva toda crítica social. Jesús G. Maestro señala que una libertad enajenada de la realidad, irracional, “es la divisa de la barbarie”.

Durante las últimas décadas, parte importante del conflicto político occidental se desplazó desde las condiciones materiales hacia las disputas identitarias y simbólicas. Christopher Lasch observó cómo ciertas élites progresistas abandonaron la cuestión de clase mientras convertían el reconocimiento cultural en nuevo eje moral. Trasladaron el conflicto del terreno material — donde el sistema tiene responsabilidades concretas — al terreno simbólico, donde todo puede resignificarse, deconstruirse o legislarse. El posmodernismo identitario de género, en sus versiones más radicales, lleva ese desplazamiento a su límite: la autopercepción adquiere prioridad ontológica sobre dimensiones materiales o corporales de la realidad. Las consecuencias de esa confusión, sin embargo, las pagan los cuerpos, no las ideas. El informe Cass en 2024, por ejemplo, fue un acto de rigor clínico en medio de esa presión: ante la ausencia de evidencia sólida sobre los bloqueadores de pubertad en menores, el NHS optó por una posición de cautela. El estudio registral finlandés de Ruuska y colaboradores (2026), con más de 2.000 jóvenes derivados a servicios de identidad de género entre 1996 y 2019, lo confirma desde los datos: la morbilidad psiquiátrica grave no remite tras la reasignación médica — en muchos casos aumenta.

El autismo permite hacer estas distinciones con mayor precisión. Es una de las condiciones del neurodesarrollo con mayor carga genética documentada: la heredabilidad poblacional se estima en torno al 83% — un dato sobre origen, no sobre destino, que muestra que no estamos ante una identidad producida desde la autopercepción. Desde mi trabajo como psicólogo clínico y mi experiencia como autista tengo un lugar de enunciación desde donde analizar sus contornos y sus límites. El autodiagnóstico no es una moda: es, en la mayoría de los casos, la única respuesta posible ante sistemas de salud que excluyen por costo, listas de espera, sesgos de género o geografía. Sturm y colaboradores (2024) evaluaron a 839 adultos con el RAADS-R y el RAADS-14 y encontraron que personas diagnosticadas y autoidentificadas son altamente similares: más del 93% de ambos grupos alcanzaron el umbral clínico. La diferencia entre ellos no está en las características, sino en el acceso.

En otros dominios, sin embargo, la alerta es necesaria. Muchos autistas no se reconocen en los modelos normativos de masculinidad o feminidad porque esos modelos están construidos desde expectativas relacionales neurotípicas — no necesariamente porque exista una incongruencia de género. Un varón autista que no encaja en la masculinidad hegemónica o una mujer autista que no se ajusta a los códigos relacionales típicos de su género pueden confundir esa disonancia con disforia cuando lo que están viviendo es una experiencia autista del género sin referentes claros. La solución no es la transición: es construir referentes de masculinidad y feminidad autistas. He desmontado las limitaciones de la investigación sobre identidad de género y autismo largamente en El amor autista.

Conviene distinguir, como hace John Searle, entre hechos brutos y hechos institucionales: lo que existe independientemente del lenguaje y las instituciones humanas, y lo que acontece en el marco de reglas y convenciones sociales. El autismo pertenece a los primeros. Lo que sí se construye — legítimamente, como señala Paul Ricoeur — es la narración de una vida autista. Pero la historia que se cuenta no crea el cerebro que la vive. Cuando el constructivismo borra esa distinción, no libera a nadie sino que desampara a quienes más necesitan que su realidad sea reconocida como real.

No basta identificarse con la cultura negra para ser negro; ser mujer no es un sentimiento; no basta sentirse autista o identificarse con lo autista: hay que serlo. La piedra sigue siendo piedra pese a a cualquier mirada o cualquier idea.

Bibliografía

Cass, Hilary. Independent Review of Gender Identity Services for Children and Young People. Londres: NHS England, 2024.

Ehrenreich, Barbara. Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo. Madrid: Turner, 2011.

Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder, 2012.

———. Psicopolítica: neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder, 2014.

Lasch, Christopher. La rebelión de las élites y la traición a la democracia. Barcelona: Paidós Ibérica, 1996.

Maestro, Jesús G. El fracaso de la felicidad. Barcelona: HarperCollins, 2026.

Reaño, Ernesto. El amor autista: pasión, afecto, amistad y espiritualidad autistas. Lima: EITA, 2025.

Ricoeur, Paul. Sí mismo como otro. Madrid: Siglo XXI, 1996.

Ruuska, Sami-Matti, Katinka Tuisku, Timo Holttinen y Riittakerttu Kaltiala. “Psychiatric Morbidity Among Adolescents and Young Adults Who Contacted Specialised Gender Identity Services in Finland in 1996–2019: A Register Study.” Acta Paediatrica (2026): 1–9. https://doi.org/10.1111/apa.70533.

Searle, John R. La construcción de la realidad social. Barcelona: Paidós, 1997.

Sturm, Arianna, Yi Huang, Vrinda H. Bal y Judah M. Schwartzman. “Psychometric Exploration of the RAADS-R with Autistic Adults: Implications for Research and Clinical Practice.” Autism (2024). https://doi.org/10.1177/13623613241228329.

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