En el desarrollo del lenguaje típico existen una serie de principios socio-comunicativos que deben emerger para que se asienten las estructuras léxicas (palabras) y de la sintaxis (frases) y se sepa cómo usarlas (pragmática).
Principalmente hay dos hitos: 1) la aparición de la escena de atención conjunta (entre los 9 y 15 meses) que trae consigo la capacidad de señalar (para pedir, mostrar, compartir) y la mímica; 2) la intencionalidad compartida: poder atender conjuntamente en una actividad y, al mismo tiempo, tomar en cuenta la perspectiva del otro para actuar de modo cooperativo (poder decir «nosotros» estamos haciendo algo).
Sobre estas bases se asienta el desarrollo neurotípico del lenguaje y de la oralidad.

En el autismo, el establecimiento de ese «nosotros» se da de una manera radicalmente distinta. La escena de atención conjunta no emerge del mismo modo que la neurotípica sino que está asociada a los intereses profundos del infante autista. La mente autista tiende a procesar en detalles y buscar patrones y su proceso social obedece a este estilo. Pongamos en escena un dinosaurio a un niño autista cuyo interés sea ese y veremos cómo sus formas de comunicación se conectan a las nuestras.

Cuando la persona autista adquiere las estructuras del lenguaje tiende a tener dificultades en el uso esperado de la pragmática, es decir, del uso social-neurotípico del lenguaje. Pero es altamente probable que no se adquiera la oralidad, la expresión del lenguaje. Esto puede deberse a las particularidades del desarrollo de la atención conjunta o a la apraxia del habla (cuando a nivel cerebral se dificulta planificar los movimientos asociados al hablar). Se estima que entre un 30 a 40% de la población autista general es no hablante.

Hablar puede ser lo esperado y anhelado por los cuidadores, y es entendible desde que se nos ha enseñado a creer que el lenguaje oral es la única (o la mejor) forma de comunicación. Pero no hablar no quiere decir no pensar, tampoco no comprender. Los autistas no hablantes en su gran mayoría pueden comprender el lenguaje aun si no lo pueden utilizar expresivamente. Es aquí donde intervienen los sistemas de comunicación aumentativa alternativa (CAA). «La CAA es un enfoque de intervención que utiliza señales manuales, tableros de comunicación con símbolos y dispositivos computarizados que hablan e incorporan la capacidad de comunicación completa del niño. Estas habilidades pueden incluir cualquier habla o vocalización, gestos, señales manuales, tableros de comunicación y dispositivos de comunicación de salida de voz existentes». (Glennen, S. (2000) ver: Augmentative communication and early intervention: Myths and realities).

No debería existir un autista no hablante sin un sistema de comunicación aumentativo alternativo. Lamentablemente, el logocentrismo (el privilegio del lenguaje); los mitos (la CAA es el último recurso de las terapias del lenguaje) y en muchos casos el costo (los sistemas sociales de nuestros países latinoamericanos no incluyen la intervención ni los dispositivos necesarios), son una barrera en el acceso al derecho humano a la comunicación de todo autista no hablante.

Nuestro próximo artículo se centrará en los mitos alrededor de la CAA.

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