Suelo recibir muchos mensajes preguntándome sobre el tema y sobre las terapias que se pueden desarrollar al respecto. Muchos dicen poder tratar el autismo mediante una intervención de la microbiota (flora intestinal).

El tema es complejo pues trae a la mente historias de charlatanería y horror desde que Andrew Wakefield falseara datos en una publicación de The Lancet, en 1998, para afirmar la causalidad entre una inflamación intestinal supuestamente producto de la vacuna triple y el autismo. Se inauguraba, así, un tiempo de fraudes y timos de la llamada «biomedicina», anti-vacunas (que ocasionasen el recrudecimiento de enfermedades erradicadas y cientos de muertes), quelaciones (y sus decenas de muertes), dietas libres de gluten y caseína sin existencia de celiaquía (y problemas óseos, entre otros, en cientos de niños). El resurgimiento de estos tratamientos y sus concepciones del autismo como enfermedad aún no han sido del todo erradicados aunque pervivan con menor fuerza que a comienzos de este siglo. Es claro, entonces, que hay que hacer esta declaración y deslindes antes de adentrarnos en lo que aparentemente sabemos, desde una perspectiva verdaderamente científica, sobre el tema.

Hay un estudio y un metanálisis que son relevantes para quienes saber del tema:
1. Human Gut Microbiota from Autism Spectrum Disorder Promote Behavioral Symptoms in Mice.
2. Association Between Gut Microbiota and Autism Spectrum Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis.
3. Long-term benefit of Microbiota Transfer Therapy on autism symptoms and gut microbiota.

Lo que sabemos hasta este momento es:
1. Algunas personas autistas tienen una flora intestinal distinta a las neurotípicas.
2. Muchas de estas personas autistas tienen problemas intestinales (dolores abdominales, diarrea, constipación).
3. Producto de estos problemas intestinales, muchas personas autistas manifiestan problemas conductuales y desadaptativos y en aquellos no hablantes encontramos el incremento de conductas de autoagresión.
4. Un tratamiento adecuado (llevado a cabo por un gastroenterólogo) reduce muchos de estos problemas y aminora la cantidad conductas disruptivas y autoagresivas pero no el autismo.
5. El transplante de microbiota fecal y otros similares se encuentran aún en fase experimental.
6. Muchos de estos estudios han sido hechos en ratones.

Precisemos que ninguno de estos estudios habla de «curar» el autismo, «recuperar» del autismo o incrementar las capacidades de la cognición social o del lenguaje; únicamente señalan la disminución de conductas disruptivas o desadaptativas. Tampoco aconsejan quelaciones, dietas libres de gluten y caseína o no vacunar.

Tengamos toda esta información cuando se nos ofrezca un tratamiento para el autismo basado en la intervención sobre la microbiota: los estudios aún son preliminares y los charlatanes siempre están al acecho.

Una excelente síntesis se ofrece en el siguiente artículo de Spectrum: las diferencias entre la microbiota de las personas autistas y no autistas es mínima y las dificultades, en general, parecen estar más ligadas a un tipo de dieta más restringida. Una dieta balanceada sería la clave antes que pensar en cambios en la flora intestinal.

2 comentarios sobre «Microbiota y autismo.»

  1. Muy interesante este artículo. Copio enlace relacionado y recomiendolectura de la bibliografía relacionada. https://autismodiario.com/2020/06/13/la-microbiota-intestinal-toxicos-farmacos/

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