Cuando asumimos que alguien tiene una enfermedad o trastorno, una de las primeras preguntas será: «¿es grave?» La gravedad o levedad se traslada al ser mismo: «X es autista leve», «Y es autista severo».
Por supuesto, frente a lo “normal”, lo “neurotípico”, estas consideraciones no se dan. Se dan sobre lo que se cree dañado.

Sabemos que el autismo, desde el paradigma de la neurodiversidad, es una condición de vida y, más allá, una identidad. ¿Cómo podría ser “leve” o “severa”? Más “grados” la pregunta correcta sería: ¿qué tipos de apoyos requiere esta persona en su vida para vivirla con calidad?

Salir del enfoque médico y del capacitismo implica mirar al autismo como una identidad y a las dificultades que coloca el entorno cambiarlas con apoyos, ajustes y una cultura de respeto.

¿Usted es un neurotípico severo o leve? ¿Y eso dependería de qué? Un parámetro para medir su gravedad podría ser su inclinación a ver “trastornos” en los demás. Piénselo.

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