En el año 1983, Howard Gardner revolucionó nuestra concepción de la «inteligencia» al postular las «inteligencias múltiples». Los tests de inteligencia (lamentablemente hasta hoy) privilegian dos formas de inteligencia: la lógico-matemática y la lingüística. Entre ellas dos se suele sacar un «cociente» que reflejaría qué tan (o no) inteligente es la persona. Este tipo de «medición» ha servido y sigue sirviendo como herramienta de exclusión y de prejuicio. Antaño, por ejemplo, para señalar que los inmigrantes y la población afro-americana eran menos inteligentes que el norteamericano blanco promedio; actualmente, a la población neurodivergente muchos de cuyos integrantes califican en el temido, «fronterizo». Los test de inteligencia, casi todos, no están adáptanos a las características culturales y diferencias de neurotipos y reflejan un prototipo referido a niños, adolescentes y adultos blancos, occidentales y neurotípicos.

La idea de las inteligencias múltiples señala que no existe una única forma de ser inteligente y que, medir la inteligencia (más que el tipo que se privilegia en un individuo) es una tarea arbitraria. El cociente de lo lógico-matemático y lingüístico deja de lado las inteligencias cinestésica, musical, espacial, intrapersonal, interpersonal, naturalista. Un deportista puede ser un genio en inteligencia cinestésica o un gran compositor en la musical sin serlo en las esperadas que miden los tests. Lo mismo ocurre con los cerebro-mentes neurodivergentes, este tipo de «cocientes» no nos dan una idea real de las posibilidades y áreas de fortaleza con las cuales trabajar. Sirven, más bien, para señalar que son menos inteligentes que el neurotípico promedio.

En el mismo orden de ideas, muchas veces se pretende «enseñar» «Teoría de la mente» y «cognición social» a los autistas, como si ellos no las tuviesen. Bien se haría en ponerle a ambos conceptos el rótulo neurotípica para señalar que ambos procesos no son exclusivos desee tipo de mente y que su expresión no es mejor que la de otros neurotipos.
La Universidad de Edimburgo, basándose en los trabajos del académico autista Damian Milton («el dilema de la doble empatía»), ha desarrollado el innovador campo de «diversidad en la inteligencia social». Así como existen múltiples formas de inteligencia podemos ver múltiples formas de ser socialmente inteligente de acuerdo a la forma de neurodivergencia.

El equipo de la Universidad de Edimburgo estudió 3 grupos que tenían que transmitirse un mensaje de un sujeto a otro y analizar la concordancia del último que recibe el mensaje con el que lo inició (como el juego del «teléfono malogrado». El grupo de neurotípicos transmitió correctamente el mensaje; el grupo de autistas también; el problema fue el grupo mixto formado por autistas y neurotípicos. Esto pone de relieve dos formas de cognición social, la autista y la neurotípica que funcionan correctamente entre miembros del mismo neurotipo. El reto es crear sistemas de comunicación comunes. La cognición social autista incluye formas propias del reconocimiento de emociones, comunicación interpersonal efectiva (entre autistas), teoría de la mente (comprensión de la conducta autista relacionándola con las intenciones) y toma de perspectiva del contexto al realizar una tarea entre autistas. No se trata sólo de un tema de aprendizajes sociales del autista, se trata que los neurotípicos aprendan a «hablar» en autista, tratando de comprender sus formas de intercambio más allá de considerarse el patrón y medida de la inteligencia y las formas de cooperación humanas.

PS: Puede profundizar más en este artículo: Autistic peer-to-peer information transfer is highly effective.

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