Felicitaciones, eres autista.

“Felicitaciones, eres autista” es una frase que utilizo cuando entrego un diagnóstico a un adulto, para confirmarle aquello que secreta e internamente ya sabía, aquello dibujado desde el gris patio de recreo y la extrañeza de cada hora arrojada al ritmo de una vida típica, cotidiana y ajena.

¿Por qué “felicitar” el ser autista? ¿Acaso es preferible serlo? ¿Te hace mejor que otras personas, que otros neurotipos? No, por supuesto. Aunque tampoco te hace, pese a algunas voces, peor ni menor en dignidad o posibilidad.

Ocurre algo similar al “orgullo” autista. Muchos replican: ¿por qué te sentirías orgulloso de serlo? ¿Acaso te confiere alguna superioridad? Tampoco. “Orgullo” no como vanidad, aclaremos, ni como mérito en sí mismo, sino como “amor propio”, como parte esencial de la autoestima: sentirme orgulloso de mí pese al estigma, por sobre toda ignorancia, desafiando la exclusión probable, contra la oposición del mundo y sus barreras; con todo y en todo ello, me encuentro digno y valioso, soy autista y estoy orgulloso de serlo.

Felicitar a alguien en las circunstancias descritas es, en primer lugar, una forma de reconocimiento a una búsqueda, una que llega a su fin para iniciar el cierre del círculo de la identidad ahora conquistada. Para resignificar una vida señalada por la conciencia temprana de ser un error, de tener que esconder las propias e indeseables características, deficiencias vergonzantes, de esquivar la mirada perturbadora, el dedo acusador, la carcajada y el desprecio. Darle sentido nuevo a una vida donde la costumbre era reconocerse como problema cuando, casi siempre, lo era la situación, el entorno excluyente, el prójimo tantas veces bárbaro e impropio.

No se felicita el mero hecho de ser autista, sino el haberlo descubierto. Por el tesón puesto en alcanzar una dimensión donde nombrar toda esa honda diferencia. Una red de significados para destejer y entretejer equívocos, sufrimientos y aciertos insospechados. También para apreciar instantes de consolación y alegría que, a la espera —siempre a la espera—, tercamente le han impedido quebrarse del todo y le han guiado, como tenues chispas, a través de tantos años.

Se felicita la posibilidad de un segundo nacimiento. Uno donde de la vida primera se sabe ya lo que no funcionó y quién no se era. También se conoce ahora que no todo puede seguir igual. No es inusual que una situación de quiebre, crisis o burnout constituya el empuje final para acudir a una evaluación. Y una cosa es cierta, o debería serlo, después del diagnóstico: no puedes seguir siendo la misma persona, ni en tu mirada interior ni en tus hábitos.

Se abre el tiempo del re-conocimiento, uno de deslumbramientos y de duelos. Uno de conciencia del cuidado necesario de la propia vida, en los detalles cotidianos y las grandes decisiones, adaptando el entorno y las rutinas al propio ritmo, a la sensorialidad particular, al tiempo interno, comprendiendo que el cuerpo es también una casa y un templo nuevos, de ritos distintos, de anhelantes cuidados.

Se felicita, además, la vida futura, un porvenir vislumbrado bajo el propio nombre. No es un secreto la dificultad de muchos autistas para imaginar un futuro, para trazar un plan de vida. Para algunos, los retos en las funciones ejecutivas tienen un peso considerable. Sin embargo, para una gran mayoría el solo hecho de sobrevivir el día presente, de intentar lograrlo, es suficiente para que el mañana sea una bruma inalcanzable hasta que, de repente, llega y ha de sobrevivirse idénticamente. Saberse autista puede ser el principio en la ruptura de esta cadena de sucesiones para empezar a vivir con perspectiva de autocuidado, conociendo los límites personales y anteponiéndolos a los afanes de una productividad insensata y a las ilusiones de la normalidad.

Pasado, presente, porvenir: se abren como posibilidad nueva. No fácil, ciertamente, como no lo es cualquier cosa decisiva, cualquier golpe de timón, cualquier mirada donde puedan encenderse nuevamente la confianza y la seguridad, la fe razonable. ¿Cómo no felicitar todo ello?

Felicitaciones, eres autista.









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