Autismo: otro caso de filicidio.

Hace unos días nos enteramos de la muerte de Alejandro Ripley, autista de 9 años a manos de su madre. Lamentablemente, el filicidio hacia personas autistas es más común de lo que se piensa, como podemos leer en «Lejos del árbol» de Andrew Solomon.

Muchos padres, luego del asesinato, enarbolan motivos «altruistas»: «lo hice para acabar con el sufrimiento que padecía en este mundo…», «merecía algo mejor». 
Las penas, en Estados Unidos, por ejemplo, hacia estos padres, suelen ser benignas. Se alude a su carga emocional y frustración. Se presume que nadie en su sano juicio podría hacer algo así.

Para ser exculpado de un crimen de esta naturaleza se debe probar que el sujeto no diferencia lo que es bueno de lo que es malo. En estos casos se actúa con plena conciencia, borrando toda empatía y humanidad ante una vida que se juzga de menor valor que la del resto (la «normal»). 

La vida de la persona neurodivergente vale menos que la neurotípica; «hay vidas que valen menos que otras», es la callada sentencia de esta sociedad capacitista. Parece ser justificable (o, poco condenable) que se aborte a una persona con Síndrome de Down previendo su futuro sufrimiento; también eliminar a una persona autista para que transite a un mundo «mejor». 

La vida de una persona considerada como «discapacitada» no es juzgada como una posibilidad plena. No hemos avanzado mucho respecto de los nazis que, al menos, tenían la franqueza de justificar la eliminación en vez de disfrazarla, como ahora.

El crimen hacia la neurodivergencia se da al anular su posibilidad de existencia antes de nacer; al segar la oportunidad de su tránsito habiendo nacido… al negar las condiciones de salud, educación y empleo que hagan que esa vida sea digna.

¿Qué tan digna considera esta sociedad las formas divergentes de vida? ¿Qué haremos si la respuesta es negativa? 

Esta noche, cuando escribo esto, sólo sé que Alejandro Ripley merecía vivir y que su vida será considerada «valiosa» si el castigo que reciba su madre sea justo, proporcional y ejemplar.

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