El ADOS-2 (Autism Diagnostic Observation Schedule, Second Edition) es una evaluación estandarizada y semiestructurada para la evaluación del autismo. Muchos tienden a considerarla como el máximo estándar al momento de realizar un diagnóstico. Últimamente vemos que se suele pedir como un requisito indispensable para respaldarlo. ¿Es esto realmente así? No, ninguna institución o publicación seria lo ha afirmado. Ni siquiera su creadora, Catherine Lord, la propone como pieza fundamental sino como una prueba que puede ser administrada junto con otros tests. En todo caso, no reemplaza el conocimiento profundo que sobre el autismo debe de tener aquel que evalúa.

Como hemos mencionado en otros lugares, aun sabiendo que el autismo es de base genética y configura un neurodesarrollo diferente al típico, al día de hoy no contamos con pruebas biológicas para diagnosticarlo. Por ello se siguen determinados criterios contenidos en manuales que no son estáticos ni precisos, más bien, tienden a ser arbitrarios entre una edición y otra (para ello basta ver la evolución de los criterios diagnósticos de manuales de referencia como el DSM y el CIE) y con un profundo sesgo de género (masculino), cultural (occidental anglo-sajón), socio-económico (clase media) y étnico (blanco).

Justamente, las investigaciones demuestran que el ADOS-2 es menos sensible en mujeres autistas y puede dejarlas fuera del diagnóstico. Tiende a ser menos sensible, también, en personas que pueden camuflar sus características autistas y puede dar falsos positivos en adultos con algún cuadro psicótico. Al ser una prueba que ofrece puntajes, muchos evaluadores se dejan llevar por el criterio numérico (como si el autismo fuese cuantificable) antes de considerar cualitativamente otros factores, como las características de género o el análisis diferencial entre las características autistas y otros neurotipos. Un estudio de junio de este año señala que mientras más tempranos el diagnóstico y si los instrumentos están correctamente calibrado a las diferencias de género, la tasa de autismo entre hombres y mujeres es la misma.

No quiero señalar que no deba usarse el ADOS-2, simplemente recalcar que no es indispensable para el diagnóstico ni reemplaza el criterio del evaluador. Esto es bien sabido entre quienes tienen un conocimiento profundo del autismo. Nuestros criterios sobre el autismo no son estáticos y, más bien, avanzan y se nutren día día gracias a los investigadores autistas y la narrativa en primera persona. Toda medición (radical) en autismo es ilusoria y, a veces, puede dejar fuera a muchos y muchas si está basada en criterios sesgados.

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