Hablar en autista, hablar en neurotípico
Hay un hermoso texto llamado Lost in Translation, se trata de una antología de palabras «intraducibles» a otro idioma. Hay una que me sobrecogió particularmente: «komorebi».
«Komorebi», en japonés, es un sustantivo que designa “la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles”.
Dan Slobin, psicólogo y lingüista, plantea la teoría de thinking for speaking (pensar para hablar). Tenemos, simplificando, dos formas de “cognición” (o “pensamiento”, simplificando aún más): un tipo de pensamiento que opera cuando no estamos hablando, y otro cuando lo hacemos. Pensamos distinto cuando hablamos porque debemos ajustarnos a las rutas proporcionadas por nuestra lengua. Las expresiones, las formas utilizadas en nuestro uso del lenguaje, son esquematizaciones. Cada enunciado representa una selección de características (dejando de lado otras) que exige que el oyente complete con los detalles necesarios de acuerdo a su saber sobre el mundo y el contexto inmediato. El lenguaje crea realidades haciendo que nuestra percepción esté más atenta a algunos matices. Un japonés y un peruano verán de igual manera la luz que se filtra entre el ramaje, pero el primero estará más atento a pensar en ella cuando esto ocurra y decida mencionarlo o narrarlo.
Para establecer un diálogo necesitamos compartir cierto conocimiento común del mundo, ciertas ideas similares, crear un espacio mental compartido y poder actualizarlo en un contexto. Si hablo de una «silla», mi oyente y yo tenemos que poder formarnos, conjuntamente, una imagen de «esa» silla, conocer qué uso se le da y para qué le hablo de ella, qué espero del otro al hacerlo.
El tema del libro y estas reflexiones me hacen, inevitablemente, pensar en los fenómenos de la comunicación neurotípicos–autistas. Lost in Translation, perdidos en la traducción. ¿Cómo hallar una forma que una y haga sentido a dos formas de empatía distintas, a dos formas de percibir y procesar el mundo? ¿Cómo lograr esa imagen estable y conjunta que garantice que sabemos de qué hablamos, pero también qué sabemos y qué esperamos de nuestro encuentro?
Autistas y neurotípicos interpretan e integran la información sensible de manera distinta, tienen, por tanto, una percepción del mundo diferente. Nosotros procesamos mejor los detalles, fijamos patrones; algunos podrán ver colores y sonidos donde no los habría para otro (sinestesia); somos monotrópicos. Nuestra comunicación y el lenguaje (cuando ocurre) atraviesan instancias diferentes. El Padre Matthew Schneider, en su libro God Loves the Autistic Mind, señala que él habla inglés autista. Para un autista, hablar y entender (comunicarse) en «neurotípico», sea cual sea su lengua o forma de comunicar, puede ser muy complicado… pero también viceversa: “hablar” en autista. ¿Quién traduce a quién y cómo?
Nos va mejor la comunicación multimodal, combinando lo oral (cuando lo hay) con lo escrito (chateando, por ejemplo) o con diversos sistemas de comunicación aumentativa y alternativa. Reconocer esto es un primer paso para ofrecer claves de la perspectiva autista a quienes no lo son. Al ver la luz que se filtra entre el ramaje cuando tenemos una palabra para ello, ¿cómo podríamos enseñarla? Una palabra puede ser un regalo, un descubrimiento. ¿Y si no existiese, seríamos capaces de ponernos de acuerdo en inventar una?
Podríamos enseñar nuestras formas de pensar y modos de expresar, aun cuando hablamos, aparentemente, el mismo idioma.
«Komorebi».
Quizá, como todo en la vida, uno podría plantear traducir, traducirse, sin perderse, hasta encontrar una forma común de ver y decir sobre la luz al pasar por cada hoja.








