Hoy, 2 de abril de 2021, Día Mundial de la concientización sobre el Autismo, la ONU ha elegido como tema de reflexión «Inclusión en el lugar de trabajo: desafíos y oportunidades en un mundo pospandémico».
Para mí es un tema potente porque apunta a un grupo que solemos descuidar en nuestras reflexiones y esfuerzos: los adultos autistas.
Mucho del 2 de abril, la concientización que se hace, tiene que ver con los niños autistas y sus padres. Hasta antes de la pandemia los veíamos acudir a pasacalles y eventos de iluminaciones azules. Un día de globos, camisetas, discursos, buenas intenciones… en suma, un día para el olvido considerando los 364 días en que para el autismo y sus familias no hay fiesta ni luces.

¿Cuántos adultos autistas están empleados debidamente y qué adecuaciones existen para que realicen su trabajo con armonía y dignidad?
Pensar en el adulto autista y en su acceso al mundo laboral supone una reflexión retrospectiva de lo que debería ser, de lo que sería necesario que pasase.


La historia empezaría con un niño o niña cuyos padres descubren oportunamente que es autista y que son guiados en lo que es el autismo: no una enfermedad, no un trastorno, sino una condición del neurodesarrollo dentro de un mundo neurodiverso donde ningún cerebro es mejor que otro. Ese niño ingresa a una identidad que no es una tragedia: es autista y es diferente, nunca inferior a nadie.

Ese niño recibe una serie de intervenciones. No para que deje de ser autista sino para recibir y aprender formas para interactuar en un mundo neurotípico. Desarrolla un lenguaje y puede empezar a vincularse con el universo del habla. No desarrolla un lenguaje y antes de ser visto como alguien «de bajo funcionamiento», aprende un sistema de comunicación aumentativa y alternativa que le permite no sólo expresar sus necesidades básicas sino sus pensamientos, deseos y aspiraciones más profundas… aprende a «hablar» de otra manera.

Ese niño autista acude a una escuela donde padres y docentes se comprometen en crear un programa educativo especializado, se dan los ajustes razonables enfocados en su forma particular de aprender, en especial para aquellos que son autistas no hablantes. Se privilegian sus destrezas y talentos en sus áreas de interés profundo y se adaptan los contenidos que debe conocer y las evaluaciones que rendir. Se le motiva mostrándole que muchas personas autistas destacan en diversos campos de las artes y las ciencias y que la genética del talento y de la capacidad inventiva humana están estrechamente ligada con el tipo de pensamiento autista. La escuela promueve un espacio de convivencia donde aprende de sus pares neurotípicos y ellos de él.

Ese niño deja de serlo e ingresa a la adolescencia. Tanto si es hablante como si no, descubre que es un ser con otros deseos y necesidades y desafíos que necesitarán de herramientas y aprendizajes distintos a la etapa anterior. Su identidad de género y sus orientaciones sexuales no son negadas sino que el proceso de conocimiento y expresión de su sexualidad es alentado, acompañado y respetado.

Ese adolescente termina la escuela e ingresa a los desafíos de la adultez. Unos optarán por carreras técnicas, oros universitarias, otros por oficios, en cada caso decidiendo su vocación y lo que elijan dedicarse el resto de su vida. Para el autista no hablante, se abre un mundo de posibilidades que puede afirmar gracias a haber aprendido desde la niñez un sistema de comunicación aumentativa y alternativa que le ha permitido llegar a este momento, dejando atrás el prejuicio y estigma de ser de «bajo funcionamiento». Como miles de adultos no hablantes, se apresta a empezar una vida más independiente y autónoma.

Ese adulto autista encuentra una oportunidad laboral gracias a programas de empleo con apoyo o al conocimiento que tienen las empresas de las altas capacidades y habilidades que tienen las personas autistas en los campos en los que se han especializado. Se queda en casa de sus padres o cuidadores o elige vivir solo. Forma una familia o no. Elige su destino con determinación.

Si la historia transcurre de esta manera no tendríamos tasas mundiales de desempleo de adultos autistas que rondan entre el 76% y el 90%.

Si queremos hacer una verdadera concientización sobre el autismo, repasemos cada una de las etapas descritas y si no se dan las condiciones de calidad de vida y oportunidades necesarias, hagamos que la historia pueda ser contada de manera diferente.
Celébrese este día como se prefiera pero, mejor, hágase algo que cambie la realidad. Hemos reflexionado sobre la situación de los autistas, de lo que se trata es de cambiarla.
No sé si tengamos algo que celebrar hoy pero sí sé que tememos muchos compromisos que asumir, deberes que aceptar y acciones concretas por hacer. El día de hoy, preguntémosle a un adulto autista cómo ha llegado a la adultez y cómo le hubiera gustado que transcurra su vida hasta hoy. Luego de escuchar, prepárese para el 3 de abril y el resto de días haciendo lo que deba de hacer por un mundo de verdadero acceso, dignidad y respeto a la vida autista.

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