Pensar sin salida: rumiación y autismo.

La rumiación es pensar sin salida.
El concepto, desarrollado por Susan Nolen-Hoeksema, describe un tipo de pensamiento que vuelve una y otra vez sobre el malestar —sus causas, sus consecuencias— sin producir desplazamiento ni resolución.
Lo problemático no es la repetición, sino el bucle: un circuito cerrado que mantiene y amplifica el estado emocional del cual se intenta salir.

Decir que los autistas “rumiamos más” es una de aquellas simplificaciones que poco aportan y ensombrecen características que, cuando se dan en determinados contextos y bajo ciertas circunstancias, forman parte de la expresión de aquello que nos hace únicos en relación con nuestro neurotipo, posibilidades y talentos.

En el autismo, la persistencia del pensamiento no es una falla, sino parte de la organización del procesamiento. La teoría del monotropismo, desarrollada por Dinah Murray, Mike Lesser y Wenn Lawson, describe una atención intensa y sostenida en pocos focos, con alta profundidad (tipo “visión de túnel”) y persistencia, lo cual permite una comprensión profunda, pero también cierta inercia atencional; por ello, no toda repetición es rumiación: la rumiación es reiteración sin avance, mientras que el procesamiento monotrópico es persistencia con potencial elaborativo.

En esa línea, Sarah Cassidy muestra que la rumiación está asociada con cuadros de mayor depresión, desesperanza e ideación suicida, como uno de los procesos mediante los cuales el malestar psíquico se intensifica, en interacción con factores como el aislamiento, la invalidación o el estrés crónico. El pensamiento repetitivo en el autismo es un conjunto de procesos con funciones diversas: algunos organizan la experiencia, regulan la incertidumbre o permiten profundizar en intereses (como el monotropismo), mientras que otros, orientados al malestar, se aproximan a la rumiación; así, la reiteración cognitiva no es en sí problemática, sino que lo son su curso, su función, su contenido y su efecto sobre la regulación y la acción.

En el abordaje de la rumiación en autismo, el primer error es plantearla como un problema que debe “apagarse”. Ese enfoque parte de una idea equivocada del pensamiento autista: como si fuera posible detenerlo por voluntad directa. En nosotros, el pensamiento no se interrumpe; se transforma o se desplaza. Por eso, la intervención no consiste en sacar a la persona del bucle por alguna forma de fuerza, sino en modificar su dinámica interna, su dirección y su contexto.

Una vez identificada la rumiación, el objetivo no es eliminar el pensamiento, sino cambiar su forma. Aquí resulta especialmente útil el trabajo de Edward Watkins, quien ha mostrado que la rumiación tiende a ser abstracta, general y evaluativa. Intervenir implica desplazar ese modo de pensar hacia un estilo más concreto y específico: pasar de “¿por qué me pasa esto?” a “¿qué ocurrió exactamente en esta situación?”. Este cambio no rompe el foco, pero sí reduce la circularidad y abre posibilidades de acción y replanteo.

La externalización del pensamiento también cumple una función reguladora importante. Escribir, dibujar o grabar lo que se está pensando permite sacar el contenido del circuito interno y darle forma, ponerlo fuera, hacerlo concreto. Esto introduce estructura, reduce la sobrecarga y facilita una relación distinta con el pensamiento: deja de ser un flujo incontrolable y pasa a ser algo que puede observarse, organizarse y, eventualmente, cerrarse.

Podemos aprovechar, además, nuestra capacidad monotrópica: podemos desplazar el foco dentro del mismo canal, manteniendo la continuidad, pero cambiando el nivel de análisis. Por ejemplo, pasar de una autocrítica global a la identificación de patrones específicos. No se anula el pensamiento; se le da otra forma.

Ahora bien, centrar todo en lo cognitivo sería insuficiente. Como he sostenido en otros escritos, no somos una mente autista flotando por allí, sino una cuyos procesos se encuentran en un cerebro autista que forma parte de un cuerpo autista. La rumiación en autismo suele emerger o intensificarse en contextos de sobrecarga, incertidumbre o invalidación. Si el entorno no se ajusta —si hay demandas excesivas, sobrecarga sensorial o falta de previsibilidad—, el sistema atencional queda expuesto a fijar pensamientos que pueden devenir en rumiación. Por eso, intervenir sobre la rumiación implica también modificar el contexto: reducir sobrecarga, anticipar situaciones y ajustar expectativas.

Finalmente, algo evidente, pero no siempre comprendido o siquiera planteado: no siempre se trata de salir del bucle, sino de cerrarlo. Algunos procesos requieren ser completados. Darles estructura, permitir que se desarrollen hasta un punto de resolución o traducirlos en acciones puede ser más eficaz que intentar interrumpirlos prematuramente. Por ejemplo, denunciar una situación claramente injusta o de abuso que no podremos resolver en el circuito inagotable de la recriminación, el miedo, la culpa o la desesperanza.

En síntesis, el problema no es “pensar mucho”, ni siquiera pensar de forma repetitiva. El problema es cuando ese pensamiento pierde dirección, orientación y sentido, cuando aumenta el malestar y captura toda forma alterna de razonamiento e incluso de acción. La intervención, entonces, no consiste en “apagar la mente”, sino en devolverle su capacidad de movimiento saludable, forma y dirección estables, salida y resolución.

La misma capacidad que permite sostener el foco, profundizar y entregarse con pasión a nuestros intereses, produciendo bienestar y dicha —esa persistencia que hace posibles nuestros mejores juicios y descubrimientos— es también la que, capturada por el malestar, se convierte en uróboro de la desesperanza, en estancamiento vital, en sol negro.

Bibliografía.

Cassidy, Sarah, Louise Bradley, Sarah Shaw, y Simon Baron-Cohen. “Risk Markers for Suicidality in Autistic Adults.” Molecular Autism 9, no. 42 (2018).

Cassidy S, Bradley P, Robinson J, Allison C, McHugh M, Baron-Cohen S. «Suicidal ideation and suicide plans or attempts in adults with Asperger’s syndrome attending a specialist diagnostic clinic: a clinical cohort study.» Lancet Psychiatry. 2014 Jul;1(2):142-7.

Murray, Dinah, Mike Lesser, y Wenn Lawson. “Attention, Monotropism and the Diagnostic Criteria for Autism.” Autism 9, no. 2 (2005): 139–156.

Nolen-Hoeksema S. «Responses to depression and their effects on the duration of depressive episodes.» J Abnorm Psychol. 1991 Nov;100(4):569-82.

Watkins, Edward R. “Constructive and Unconstructive Repetitive Thought.” Psychological Bulletin 134, no. 2 (2008): 163–206.

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