No romanticemos el autismo.
No romanticemos el autismo: ni al autista ni a su cuidador. Ni ángeles ni héroes. Hijos y cuidadores (madre, padre, abuela, abuelo, etc). Perder la humanidad propia y del otro tiene un alto costo: hace de la vida una puesta en escena, un actuación que tarde o temprano nos decepcionará y que deberemos mantener contra…


